Dos hermanas una salteña y la otra tucumana se conocieron gracias a la radio

En julio del año 2017 Andrea Serrano una mujer oriunda de la provincia de Salta se comunicó con Radio Diversidad de Famaillá para pedir ayuda en la búsqueda de su familia materna en la provincia de Tucumán  con los pocos datos que le había dado su madre antes de morir, desde la emisora se inició una investigación para poder encontrar a sus parientes. A fines de octubre se comunicó a través del facebook de la radio una mujer que decía tener más información sobre la familia. El primer domingo de noviembre Andrea llegó a la capital tucumana para conocer a su hermana y reencontrarse con el pasado de su mamá.
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Andrea Serrano se crió como hija única con su madre en la capital salteña, durante mucho tiempo quiso saber sobre los parientes de su Mamá Juana Rosa Coronel pero insistía en repetirle que Ella era su única familia y que cuando se sintiera preparada le contaría más. No fue sino hasta los momentos previos a su muerte cuando se animó a revelar parte de su pasado a su hija.
A cuentagotas Andrea fue recibiendo datos, nombres, fechas, lugares, anotaciones, documentos y un puñado de fotografías en blanco y negro eran las pocas pistas con las que contaba para llevar a cabo la búsqueda.
La mujer se animó a pedir ayuda al programa “Gente que busca gente” que se emitió en televisión por canal América de Buenos Aires entre los años 1998 y 2001, lo que ella no sabía era que una hermana suya también había acudido al mismo programa para reencontrarse con su familia, era Cristina Perea quien gracias a la producción logró recuperar a sus hermanos por parte del primer matrimonio de su madre pero nunca supo de la existencia de Andrea.
La búsqueda de Cristina continuó paralelamente a la de Andrea, pero esta vez para encontrar a su madre biológica, cuando finalmente pudo encontrar un dato certero supo que Juana Rosa había fallecido, al mismo tiempo que recibía la triste noticia se enteraba sobre la existencia de su hermana menor.
En julio de 2017 su hermana Andrea se comunicó a través de las redes sociales con Radio Diversidad de Famaillá para continuar con su búsqueda aprovechando el alcance de internet. Desde la emisora se difundió la noticia acerca de la búsqueda de los hijos de sus abuelos maternos Juana Rosa Guerrero y José Santos Coronel o sus descendientes, la información fue compartida por algunos medios provinciales.
Desde entonces la radio inició una investigación genealógica, que incluyó la consulta a fuentes digitales, parroquiales y archivos del registro civil de Famaillá, además de entrevistas personales en diferentes localidades, si bien se recabó información nueva sobre la familia no se encontraron indicios sobre algún pariente vivo por el lapso de un año.
Eso fue hasta fines de octubre de 2018 cuando se contactó una mujer a través del facebook de la radio la cual aseguraba poseer más información sobre las personas que estaban las fotos que había hecho públicas Andrea.
De inmediato un miembro del medio de comunicación famaillense viajó hasta la capital tucumana, más precisamente al barrio Norte, en el pasaje Brasil a pocas cuadras de la cancha de Atlético Tucumán y frente al cordón ferroviario, allí nos esperaba Cristina en la humilde casa que heredó de sus abuelos paternos.

El reencuentro

Luego de entrevistar a Cristina y constatar tanto la veracidad como la coincidencia de los datos aportados, la producción de Radio Diversidad se comunicó telefónicamente con Andrea quien reside actualmente en la provincia de San Luis (donde actualmente reside) para darle aviso de la buena nueva. Sin dudarlo Andrea compró un pasaje de colectivo para viajar a Tucumán y poder conocer a su hermana.
El pasado domingo a las 7 de la mañana Cristina Perea junto a su pareja Roque Vaca se fundieron en un abrazo con Andrea ni bien pisó suelo tucumano en la estación de colectivos.
Ya en la calidez del hogar de Cristina, entre muñecos de duendes y sillones de mimbre, entre mates y pan amasado, compartieron los retazos de las historias incompletas, armaron tramo a tramo el rompecabezas de sus vidas. Gracias a la tecnología, la pareja y los hijos de Andrea saludaron en tiempo real a su tía Cristina a través de video llamada, muy contentos por ambas, ni los nietos quisieron quedarse afuera de este reencuentro enviando audios por whatsapp.
Las hermanas se reconocieron en sus rostros, en sus gestos, en los relatos sobre los duros maltratos recibidos por sus ex parejas y reconstruyeron el pasado de su mamá Juana Rosa. Se dieron los abrazos y las caricias adeudadas, rieron y se emocionaron desde el primer momento, la felicidad acabó con sus miedos de una sola mirada.

La reconstrucción

De acuerdo a los datos obtenidos durante la investigación los abuelos maternos de Andrea y Cristina pertenecían a una familia de trabajadores rurales que vivían en cercanías de Famaillá, presumiblemente en un territorio que con los límites actuales podría pertenecer a Bella Vista o Leales. De la unión entre su abuela Juana Rosa Guerrero y su abuelo José Santos Coronel nacieron Juana Rosa y Marión (esta última se exilió en Brasil). Juana Rosa se había casado muy joven con un hombre mayor que ella oriundo de Leales, de ese matrimonio nacieron 4 hijos. Tras llevar una relación conflictiva con su primer pareja Juana Rosa conoció a un joven capitalino que estaba a punto de iniciar su carrera militar. Por prejuicios socioeconómicos los Perea se oponían a la relación que pretendía su hijo, al punto que lo enviaron a Buenos Aires para que continuara con sus estudios, pese a ello fruto de ese amor nacería Cristina.
Angustiada por su historia de vida Juana Rosa decidió dejar a sus hijos con su ex esposo y se estableció en la vecina provincia de Salta, en tanto la pequeña Cristina quedaría al cuidado de sus abuelos paternos quienes le ocultarían la verdad hasta la adultez.
Según recuerda Cristina cuando era una niña las vecinas se burlaban de ella diciéndole “Si ella es tu abuela, ella no es tu mamá, tu mamá es la Juana Rosa” eso la llevó a cuestionar su verdadera identidad y comenzó a buscar la verdad sobre sus orígenes, una verdad que pudo encontrar después de fallecidos sus abuelos.
Este domingo Cristina a sus 57 años de edad y Andrea con 50 recién cumplidos se pudieron decir por primera vez “hermanas”.

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