El verano que Famaillá padeció una epidemia

Las enfermedades siempre han castigado a los seres humanos a lo largo de la historia, hemos aprendido cómo lidiar con ellas y combatirlas, con más o menos recursos. Hoy el virus covid 19 conocido como «coronavirus» nos impone quedarnos en casa y salir a la calle solo por alimento, trabajo, dinero o fuerza mayor protegidos con barbijos y visores ya que se contagia a través de las gotas de saliva y por contacto con las manos contaminadas, sin embargo una salida diaria por las calles de Famaillá deja entrever que nuestros vecinos no estarían comprendiendo la gravedad de lo que está viviendo el planeta entero.

Como si no les afectara el hecho de saber que Famaillá tiene poco más de 22 mil habitantes para un hospital con menos de una veintena de camas disponibles y un cementerio cerrado saturado de difuntos, sin lugar para un óbito más.

Si la peor etapa del coronavirus llegara a golpear a nuestra comunidad ¿estamos realmente preparados para contener a los enfermos y a los fallecidos?, pero principalmente, ¿estamos los famaillenses preparados en casa para que el virus no ingrese a nuestros hogares?

Normas básicas de higiene, medidas de protección, síntomas y toda una serie de informaciones que hoy por hoy están disponibles en la red y que no parecen aplicarse.

Nuestro pueblo como otros del interior eligió colocar barreras físicas en los ingresos para detener a un virus que se mueve de manera invisible entre nosotros, podríamos ya tenerlo y no presentar síntomas. Lo realmente asombroso de este virus es su alta velocidad de contagio, se cree que cada contagiado contagiará a su vez a 3 o 5 personas más, por eso la importancia de no salir a la calle salvo en los casos que prevee la cuarentena.

Si bien el 80% de los contagiados solo tendrá síntomas leves (dolor de cabeza, dolor de garganta, tos, resfrío, etc) los síntomas más graves pueden desencadenar una infección que se agravará por las enfermedades de base.

Si estás entre los que tendrá síntomas leves pero en tu casa tenes familiares cardiacos, hipertensos, diabéticos, inmunodeprimidos, etc, entonces están corriendo un gran riesgo.

Lo mejor que podes hacer es cuidar la higiene de tus manos, evitar el contacto físico, mantener una distancia de 1 metro entre personas y usar los elementos de seguridad recordando que el virus no solo ingresa por la boca y la nariz, también lo hace a través de los ojos con lo cual el barbijo no nos proteje al 100%, por eso debemos reforzar nuestra protección con otras medidas.

No es la primera vez que Famaillá se enfrenta a un enemigo de la salud que se lleva vidas sin pedir permiso, de hecho en el verano transcurrido entre los años 1895 y 1896 una epidemia de sarampión apagó las vidas de muchos niños famaillenses en una época donde se sabía muy poco sobre esta infección viral.

Esta enfermedad ingresó a nuestro continente con los conquistadores y recién en 1968 hubo disponible una vacuna.

Transcribimos a continuación un escrito del genealogista Alfonso M. Beccar Varela quien cooperó con el archivo de familysearch.net, al respecto de las muertes en Famaillá por sarampión y el asombro que le produjo :

De momento estoy volcando a fichas datos obtenidos de la digitalización de Registros Parroquiales de la Arquidiócesis de Tucumán, entre el año 1727 y 1939. ¡He visto de todo! Desde errores u horrores ortográficos, al cambio dramático de las poblaciones de varias ciudades que acusaron en impacto del alud inmigratorio de fines del Siglo XIX. Desde registros escritos a mano con caligrafía elegante y delicada, a garabatos casi imposibles de entender.

En eso estaba cuando bajé a mi computadora un grupo de Actas de Defunción que me impactaron mucho. Se trata de las Actas de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en Famaillá, a escasos 30 kilómetros de San Miguel de Tucumán, la capital del “Jardín de la República”.

El conjunto que actas que me tocó leer empezaba con esta:

“En la Iglesia Parroquial de N. S. del Carmen de Famailla, a diez y nueve de Diciembre de mil ochocientos noventa y cinco. Yo el infrascripto Cura interino de la misma, mandé dar Sepultura eclesiástica á Lorenzo que murió ayer con indigestión edad cuatro meses hijo legítimo de Segundo Rodríguez y Dominga Romano de la Fronterita. De que doy fe.” Firma Andrés Collilles, o algo así.

Y una tras otras se suceden, con la misma caligrafía prolija, actas que revelan lo que no puedo sino describir como un mes trágico para esta localidad tucumana. 40 muertes en 30 días. De estás, 36 representan a chicos menores de 4 años. Todo indica que una epidemia de sarampión causó estragos entre los niños del lugar (y una adulta), pero esa peste no tuvo la exclusividad en cosechar esas jóvenes vidas argentinas.

No soy especialista. No conozco la historia de Famaillá a fines del siglo XIX, y no sé si esta lista representa un evento extraordinario, una aberración; o si esa era simplemente la trágica normalidad en esas localidades más alejadas, de esas poblaciones más carenciadas.Me pregunto qué pasaría por la mente de Andrés, el Cura Interino de la parroquia que firmaba estas actas, día tras día. ¿Habrá mantenido su fe en Dios? ¿Habrá sabido consolar a las desconsoladas familias? ¿Qué esfuerzos él u otros adultos de Famaillá realizaron para combatir esta verdadera masacre?

¿Y quién habrá sido Mardonio, que a los 26 años terminó sus días con “un tiro de Remington en la frente”? ¿Un bandido? ¿La víctima de un asesinato? ¿O de un accidente? Al día siguiente de enterrar a Mardonio, el Cura interino registra la muerte de otro de los pocos adultos que le tocaron en esos negros días de verano: Nolas (¿será Nolasco?) murió a causa de “un estribazo en la nuca y el espinazo.” ¿Cómo habrá pasado esto?

A través de los siglos, estos documentos nos llaman y nos permiten ubicarnos en el entorno físico, social y político en que nuestros antepasados, sus parientes y relaciones, vivieron sus vidas. Algunas tristemente breves como la de Manuela, muerta a dos días de nacer. Otras como la de Mardonio, breves también pero posiblemente violentas. No es difícil ponernos en su lugar, y tratar de entender quienes fueron.

Esta es la lista, que habla por sí sola…

19/12/1895: Lorenzo, de 4 meses, “indigestión.”
20/12/1895: Dionicia, de 5 meses, “sarampión.”
20/12/1895: Leocadio, (no dice la edad), “males orgánicos.”
20/12/1895: Pedro, de 4 meses, “vómitos.”
21/12/1895: Antonio, de 2 años, “sarampión.”
21/12/1895: Juan Bautista, de 2 años, “sarampión.”
21/12/1895: Pedro, “apenas nacido.”
22/12/1895: Ramona, de 2 meses, “sarampión.”
23/12/1895: Tomasa del Carmen, de 7 meses, “fiebre.”
23/12/1895: Emilia de Mercedes, de 3 meses, “desinteria.”
25/12/1895: Segundo Patricio, de 9 meses, “diarrea.”
25/12/1895: Lorenzo, de 35 años, “parálisis cerebral.”
25/12/1985: Ygnacio, de 3 años, “sarampión.”
26/12/1985: Benito, de 1 año, “sarampion.”
26/12/1895: Paula, de 2 años, “indigestión.”
28/12/1895: Agustin, de 1 dia. No dice causa.
30/12/1896: Enrique Bernardo, de 15 dias, “falta de desarrollo.”
30/12/1895: Adelaida era adulta y casada. No indica causa de fallecimiento.
31/12/1895: Francisco, de 1 año, “sarampión.”
31/12/1895: Teresa, de 3 meses, “con aire.”
1/1/1896: Luisa, de 2 años, “sarampión.”
2/1/1896: Felipe, de 7 meses, “sarampión.”
6/1/1896: Feliz, de 29 años, “tuberculosis.”
7/1/1896: Manuela, de 2 dias, no lista causa de muerte.
7/1/1896: Juan, de 3 años, “sarampión.”
7/1/1896: Carmen Rosa, no indica edad, “sarampión.”
7/1/1896: Anunciación, de 46 años, “sarampión.”
7/1/1896: Alberto, de 9 meses, “perlesía.”
9/1/1896: Rosendo, de 6 meses, “gastricismo.”
9/1/1896: Eusebia, de 1 año, “sarampión.”
9/1/1896: Mardonio, de 26 años, “tiro de Remington en la frente.”
10/1/1896: Nolas, no indica edad pero lo supongo adulto: «estribazo en la nuca y en el espinazo.»
11/1/1896: Teresa, de 11 meses, “angina.”
12/1/1896: José Vicente, de 3 años, “fiebre.”
12/1/1896: Pastora Catalina, de 1 año, “disentería.”
15/1/1896: Juan Alberto, de 1 año, “disentería.”
16/1/1896: Francisco, de 1 año, murió de «un aire.»
16/1/1896: Trinidad, de 30 años, por una “enfermedad crónica.”
16/1/1896: Manual Claro, de 2 años, también de una “enfermedad crónica.”
17/1/1896: Lucinda del Carmen, de 3 años, “tos ferina.”
20/1/1896: Petronila, de 4 meses, murió de “pulmonía.”
Y la lista sigue…

Editorial por Leonel Rojas.

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